Todavía no doy crédito
Después de una hora tras el fin del festival de Eurovisión y analizar los resultados y todo lo ocurrido, sigo sin dar crédito a lo que veo.
Creo que para analizar el festival de ayer podríamos necesitar un periódico entero, pero intentaré ser breve.
Todo empezó a las 21:00 de la noche tras un especial conducido por la siempre grande Rafaella Carrá y con ese aire de cutre que han caracterizado todos los especiales eurovisivos de TVE. A las 21:00 empezaba la gala y podíamos escuchar a Urribarri en su vuelta a eurovisión en una final, tras fastidiarnos media canción de la ganadora del año pasado, he de decir que su retransmisión ha sido bastante buena, entretenida y un tanto graciosa en unas votaciones al estilo quiniela.
En cuando a la calidad de las actuaciones y salvando a nuestra pésima actuación, ha ido en aumento convirtiéndose en el mejor festival de la década con unas actuaciones excelentes y que dejaban cada minuto más en evidencia a la representación de nuestro país. Y es que hemos escogido el peor año para hacer lo que hemos hecho. Tal y como dijo Íñigo en el post gala, el actor que interpretaba a chiquilicuatre ha tenido que sentir un cierto sentimiento de vergüenza al representar así a un país después del nivel que se mostró durante toda la gala.
Este año España actuaba el 22 y tras muchos minutos de festival encaraba con cierto entusiasmo la actuación española esperando algo gracioso y entretenido y cambiando esa sensación de ridículo que España iba a hacer. Sin embargo, cada segundo que pasaba de actuación aumentaba mi sensación de increíble y espantoso ridículo al ver a un chiquilicuatre se quedaba sin voz pese a las míseras condiciones vocales que pedía la canción y una actuación muy pero que muy patética.
Después de haberle dado un puesto 13-18 para España, tras ver la actuación mi sensación cayó hasta un mísero puesto 23 o peor. Y yo no creo que yo fuese el único es sentir ésto, y es que muchos españoles cual Calisto de La Celestina, recobraron la noción de la vida real y lamentaron haber escogido a ese representante y haberlo apoyado.
Luego, llegaron las votaciones y empecé a no dar crédito, Países vecinos y nórdicos nos daban puntos. ¡no lo podía creer!, ¿Pero ésto que es? me preguntaba. no daba crédito a lo que veía y un puesto final 16 y unos 54 puntos me parecieron muy excesivos y que han demostrado el poco gusto musical de un festival en el que el público no vota a la mejor canción, si no a su país vecino o a el artista que conozca.
En fin, un festival que debería tener unos votos profesionales y que recordaré con un sabor amargo tras el esperpento realizado por España y por los votos de otros países y al ver como nuestro país ha sido el único, quien la organización ha decidido presentar con el dichoso tópico del toreo cuando en España hay muchísima gente que los odia y está en contra de esta tradición.
